viernes, 1 de octubre de 2010

Grandes Problemas requieren de Grandes Soluciones

El crimen organizado va en pos de la economía entera, habiendo crecido mas allá de lo que las ganancias del narcotráfico permitirían. Es un fenómeno social, una revuelta velada. De donde salen tantos criminales? Habrá muchos factores que los propicien, pero en la raíz del problema está la desigualdad social, la mala distribución de la riqueza. Se puede intentar reprimir la revuelta por las armas, pero, aun si la represión se aplicara inteligentemente, las cosas no mejorarían en mucho tiempo, porque quién está dispuesto a robar y matar a mansalva es difícil de detectar, siempre lleva la ventaja.

Podemos seguir cruzados de brazos, blindar nuestras casas y carros, y esperar a que surja un Hugo Chavez que, apoyado en las legiones de desposeídos, intente la redistribución forzada de la riqueza, se corrompa, y en el proceso aniquile la economía.

Daría lo mismo, porque en medio de esta revuelta, cuál es el valor relativo de la holgura económica? De que sirve poder comprar esto o lo otro, cuando muchachos son balaceados por un ipod, la gente es despojada de sus automóviles en los cruceros, y el éxito profesional atrae el secuestro?

Entonces, hay que organizar democráticamente la redistribución del ingreso. No esperar a que un caudillo la intente.

Cómo llevarla a cabo? Con tasas impositivas de primer mundo, con tasas mas altas para los ingresos mas altos, que fortalezcan el Estado.

Pero, dado el historial de corrupción y despilfarro del gobierno Mexicano, cómo podríamos asegurarnos de que los nuevos ingresos se apliquen eficientemente? Especificando en que se invertirán con todo detalle, preasignándolos. Por otra parte, no tenemos mucha opción. Es necesario para la viabilidad del país. Debemos estar de acuerdo en pagar más y debemos responsabilizarnos de fiscalizar el gasto.

Cómo invertir? Se deben sentar las bases para una sociedad más armónica. No se trata de transferir directamente dinero de los ricos a los pobres. Se trata de proveer servicios sociales a los pobres para mejorar sus perspectivas de progreso y reconciliarlos con la sociedad. Mucho de lo que hay que hacer no conlleva una inversión monetaria, sinó cambios de políticas para propiciar una mayor convivencia entre ricos y pobres. Otros cambios son pertinentes para remover incentivos al crimen, en el corto y largo plazo, y otros más para combatir al crimen en el mediano y largo plazo.

Se tiene que tener claridad sobre las causas, para mejor diseñar las soluciones. La desigualdad en sí misma es un factor que desestabiliza, porque la percepción de injusticia propicia la rebelión (Cómo unos gastan frívolamente cuando yo no tengo ni para alimentar a mis hijos?). Además, la pobreza misma favorece la violencia al limitar el desarrollo neurológico de quienes la sufren. Un entorno de carencias produce estrés, y las hormonas del estrés atrofian el desarrollo del cerebro en los niños. Además, la pobreza lleva frecuentemente a la mala nutrición, y esto también afecta el desarrollo del cerebro. De esta forma, la pobreza produce individuos con una inteligencia menor. Y las estadísticas muestran que, en promedio, menor inteligencia va de la mano de mayor comportamiento criminal. Los efectos nocivos del estrés y de la mala nutrición en el cerebro son más pronunciados en los niños más pequeños, por ser esta la etapa en que el cerebro se forma. Entonces, la mejor inversión que se puede hacer para prevenir la violencia, está en mejorar la nutrición y el entorno en el que crecen los niños en su primera infancia.

Ahora, que los niños reciban mayores cuidados no va a acabar con el crimen organizado. Si hay menos niños suceptibles de tornarse criminales, habremos puesto una barrera a la prosperidad futura de las bandas criminales, más no una barrera suficiente. Las bandas son poderosas y ejercen cada vez mayor control e influencia. Sus miembros son reclutados entre los jóvenes, que seguirán de un modo u otro siendo suceptibles de caer, voluntariamente o por la fuerza, en sus manos. Es necesario combatir a las bandas, pero no frontalmente como se ha intentado sin éxito en Ciudad Juárez. El que está dispuesto a asesinar a mansalva tiene la ventaja siempre. Se habla mucho de golpear las finanzas de los criminales y de combatirlos con operaciones de inteligencia. Esto es pertinente, pero en la práctica, parece importar poco. Con amenazas, se hacen de propiedades de las que no ostentan título de propiedad. Transitan en vehículos robados. Manejan carretadas de dinero que nunca llegan al banco. Las operaciones de inteligencia deben servir, pero, quién las lleva a cabo? Quién infiltra las bandas? La manera en que operan, en células, las hace resistir golpes. Se rehacen de inmediato. No afirmo que esto no sirva, pero no es suficiente: se deben erigir barreras estructurales a la operación de las bandas. Asegurar y blindar territorios, ejerciendo un control mayor sobre la población en su conjunto. Organización social para recabar información y realización de tareas policiales. Mayor uso de tecnologías de supervisión e identificación de personas.

Entonces, hay que actuar tanto para que el país sea más armónico en el futuro, como para controlar al crimen organizado en el presente.

En las siguientes entregas, ahondaré en las posibles causas del problema, y presentaré posibles acciones para solucionarlo, empezando por las más urgentes, de caracter paliativo, y después aquellas cuyos efectos se apreciarían en el mediano o largo plazo.

Hasta la próxima.